Sacrificarse no es autoflagelarse ni hacer las veces de víctima de las circunstancias. Sacrificarse puede ser nada más que hacer a un lado nuestros apegos y aversiones y enfocar nuestras acciones en eso que contribuirá al bien de todos, incluyendo el nuestro.
De nada sirve dejar de actuar, dejar de hacer lo que crees que es correcto y constructivo, simplemente porque guardas un rencor, una rencilla, un resentimiento, o porque hacerlo vulneraría una relación que piensas reaccionaría negativamente ante tu desprendimiento de «ti mismo».
No somos lo que nos afecta ni lo que afecta a los demás los define a ellos. Si logramos separarnos de esos eventos dolorosos, de esos momentos maravillosos en los que pensamos que hemos llegado al paraíso, de los celos, las envidias, los elogios y los reconocimientos, y nos centramos solo en eso que exige nuestro involucramiento, nuestra ayuda, olvidándonos del pasado y haciendo caso omiso del futuro, nuestro aporte, cualquiera que sea, será un aporte positivo.
Nosotros no nos sacrificamos, nosotros sacrificamos nuestro ego cuando, sin dar por subsanadas las diferencias, sin renunciar a nuestros gustos y disgustos, sin dejar de ser leales a nuestros propios ideales, nos despojamos de corazas defensivas o ropajes seductores para acometer, desnudos, vulnerables, transparentes, la tarea de ayudar a quien requiere ayuda.

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